El #tbt de hoy nos lleva a dos años atrás. Ahora que que es común tardarse mucho para hacer algo que pudo haber tomado tan poco tiempo (mentira, Boyhood), me congratulo en decir que finalmente, escribo el post que prometí que iba a escribir hace dos años. “Bloguéalo”, me dijo alguien alguna vez. Pues bueno, aquí está (por lo menos la primera parte).

Un regiocoahuilense, una coahuilense-coahuilense, una sonorense, un pipope (casi) y dos jarochos (uno más que otro) se embarcan en un viaje de diez días. Cinco países. Un continente. Ni un solo boleto de avión. Muchos kilómetros. Después de mucho pensar en “qué vamos a hacer ahora que tenemos dos semanas de vacaciones”, trazamos la ruta: de Pforzheim, Alemania a Bratislava, Eslovaquia. Pasando por un par de ciudades en Suiza, un castillo de cuento de hadas en Alemania, un país del tamaño de Monclova, la sede de la FIFA, la sede de la ONU, una esquina donde convergen tres países y otros pormenores más. Fue todo un viaje, en todo el amplio sentido de la palabra. Antes de comenzar el viaje, nunca hubiera pensado que diez fríos e invernales días de febrero terminaran cambiándonos (aunque sea) un poco. Por si a alguien le sirve, agua va:

 

Día 1. – 14.02.2013

Day 1. My Dominican "amiga" that I met on the train gave us free mate. Excellent way to start.

Day 1. My Dominican “amiga” that I met on the train gave us free mate. Excellent way to start.

Empezar un Día de San Valentín un viaje debe ser de (muy) buena suerte. Apenas habíamos tomado el primer tren en la Hauptbahnhof de Pforzheim y ya teníamos un regalo de una perfecta desconocida: mate argentino embotellado. Hablando en un perfecto español centroamericano, la susodicha se nos acercó en claro estado de ebriedad para poner entre nosotros unas botellitas de cristal de algo que en la vida había tomado. Motivado por el viaje o por lo que fuera, y contra todo lo que hubiera hecho en condiciones normales, la acepté (nunca acepten bebidas de extraños por favor), la destapé y la vacié. Este era ya un indicio de que en este viaje pasarían cosas que en condiciones normales no pasarían. El primer brindis en el tren. Destino de ese día: Basel, Suiza. Y la (no tan) famosa esquina de los tres países.

A Francia y a Alemania los divide en gran parte el río Rin. Hay un punto, muy en el sur de esa frontera, en la que el río se encuentra con Suiza. ¿Qué sucede entonces? Una triple frontera. Una esquina en donde tenemos tres países. Esta curiosidad nos (me) llevó a caminar un poco (la verdad como dos kilómetros) para ver nada más y nada menos que… nada, eso: una esquina con tres países. Hay un pequeño (muy pequeño) monumento con una placa (sin más) en la que se lee que es ahí el Dreiländereck, el Tripoint, la coyuntura entre suizos, alemanes y franceses. Es curioso que una sola persona comience a decirte cómo llegar en francés pero luego siga en alemán. En Basel (Basilea como se dice en castellano) parecen ser políglotas natos. Honestamente no es algo que vaya muchísimo la pena a menos que uno coleccione curiosidasdes (como yo). Si vas a Basel seguro que encontrarás muchas otras cosas más divertidas por hacer: pasear por el Rathaus, por el río, admirar las tiendas y restaurantes al aire libre (un local de Swatch donde todos los relojes marcaban la misma hora, por ejemplo), en fin. Lo único que faltará es dinero (está de más decir que Suiza es un país típicamente caro para turistas). Hay opciones más económicas al alcance de casi todos los bolsillos, solo hace falta mirar más allá.

Día 2 – 15.02.2013

La esquina de los tres países

La esquina de los tres países

Montados en un tren suizo de alta velocidad, de Basel fuimos a Zurich. La capital de los relojes suizos, las navajas, los bancos, la sede de la FIFA, una ciudad que lo tiene (casi) todo. Empezamos el día caminando por el centro: tienen calles muy peatonales en las que uno puede dasr paseos largos, cruzando puentes que cruzan ríos. El Rathaus (el equivalente al Ayuntamiento) está situado entre unaos puentes, casi como si flotara sobre una isla solo para si. Continuamos nuestro recorrido por una iglesia en donde tuvimos un concierto privado, solo para nosotros (en realidad era un ensayo de piano que nos supo a gloria). Pasamos por una tienda de navajas suizas en las que hicimos algunas compras, naturalmente. Es sosprendente que el personal de una tienda de este tipo sea capaz de comunicarse perfectamente en mínimo tres idiomas. Los vendedores están bastante acostumbrados a recibir turistas y son bastante buenos comunicándose con ellos en sus lenguas nativas. Nos dirigimos posteriormente a una cima muy cerca del rio en donde se aprecia increíblemente bien la ciudad: hay un parque pequeño donde se pueden hacer actividades, tomar un descanso y disfrutar de la vista de Zurich. Incluso hay un ajedrez gigante en la que vimos a dos suizos batirse a duelo. A medio día nos encaminamos al lago. Dicen que cuando está despejado se ven incluso los alpes. Desafortunadamente era febrero y lo único que veíamos era la neblina. Y la nieve.

Algo que nunca planeamos pero que resultó bastante buen plan fue visitar la sede de la FIFA, en Zurich. Éramos los únicos seis turistas: todas las oficinas nevadísimas, solas, y solo para nosotros. Hay una pequeña exposición con los trofeos de las copas del mundo y hay una tienda en donde uno puede comprar cualquier cosa con el logotipo de FIFA. Hay un paseo con banderas y nombres de los países adheridos a FIFA así como canchas y otras áreas restringidas para visitantes. Se debe tomar un tranvía para llegar allí pero el recorrido no es largo. La entrada fue gratuita y tienen bastante material de cortesía para los interesados en el fútbol. Muy recomendable. Entrada la noche no nos resistimos y volvimos a subir a aquella plaza arriba de la montaña by the lake, en donde la vista simplemente nos dejó con ganas de quedarnos para siempre (de haber dinero claro): Zurich de noche es casi de ensueño.

Día 3 – 16.02.2013

Day 3 - Royal lunch by the royal castle. The one day that I woke up in Switzerland, I had lunch in Lichtenstein, I took a train in Austria and I slept in Germany. 24 hours, 4 different countries, 1 day.

Day 3 – Royal lunch by the royal castle. The one day that I woke up in Switzerland, I had lunch in Lichtenstein, I took a train in Austria and I slept in Germany. 24 hours, 4 different countries, 1 day.

Hay un país entre Suiza y Austria que muchos ni conocemos ni sabemos siquiera pronunciar: Lichtenstein. Teniendo este viaje ya bastantes curiosidades, no podíamos dejar de visitarlo. I prefer madness over mainstream.

Lichtenstein es de esos países europeos que tienen un monarca aún. El príncipe, en este caso, vive en el castillo real rodeado de los poco menos de 40 000 habitantes que debe tener Lichtenstein. En general me parece que es un país bastante próspero, que recibe turistas en invierno para hacer ski y donde la calidad de vida es bastante buena. Hicimos un lunch real a pies del castillo, obviamente (compramos ensaladas en el super, en donde incluso consideramos la posibilidad de llevarnos el carrito dada la cantidad que pagamos por una ensalada y un refresco).

Tampoco sé que más hicimos porque me parece que no hay mucho que hacer, siendo un país pequeñísimo con 10 kilómetros de longitud, con una o dos ciudades y con una estación de tren que tiene dos vías y una o dos salidas de tren al día. O sea, nada.

Evidentemente no nos quedamos en un ski resort (es un budget trip recuerden, somos estudihambres, equis, somos chavos). A pesar de que el plan era ir de día y movernos a otro lugar por la noche, descubrimos desafortunadamente al llegar a la estación de tren (ni siquiera podría llamarse así) que por desgracia no había trenes. Atrapados en Lichtenstein, algo (que de nuevo, nunca en condiciones normales hubiera hehco) tuvimos que hacer. Oh Lichtenstein!

To be continued!

Sobre El Autor

Ingeniero en negocios, consultor financiero. Trying, people. World traveler de tiempo parcial, a veces nini de tiempo completo. Políglota wannabe. Estudiante de maestría. Administrador de proyectos en potencia. Tratando de no ser una persona normal desde 1991.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.