Día 4. – 17.02.2013

Digamos que fue una noche larga. Cualquiera que hubiera visto el video de seguridad del cajero automático en donde seis personas pasamos una noche de iniverno en Lindau, probablemente hubiera pensado que se trataba de una broma. A pesar del hermetismo con el que al principio creíamos que íbamos a tratar el tema (cómo le explico a mis amigos y a mi familia que pues me quedé en la calle, por una noche), creo que después de dos años podemos confesar la verdad al mundo: si, pernoctamos en la comodidad del piso de un cajero de Deutsche Bank.

Una vez que terminamos de ver Lichtenstein y una vez asimilado que no iba a pasar ningún tren, que no había ningún antro para “pasársela toda la noche de antro en antro” y una vez visto que no había ningún hostal disponible, decidimos que dado que la siguiente parada era Neuschwanstein, que mejor que irnos aproximando. Así fue como decidimos que tomaríamos un tren a Lindau (esto nos llevó algo de discusión y de análisis de tiempo-dinero-distancias). Lindau es un bellísimo pueblo (en verano debe ser bellísimo, en iniverno y sin hostal no tanto) a orillas del lago Konstanz, que divide Austria, Suiza y Alemania. Es geográficamente una isla. Y es un poco el punto medio (por lo menos según las conexiones de tren que uno tome) entre nuestro diminuto Lichtenstein y Füssen, el pueblo en el cual teníamos reservado el siguiente hostal para visitar el castillo de Neuschwanstein (se dice algo como nois-van-shtain). El plan era pasar la noche un poco conociendo Lindau, aquí y allá (según nosotros de antro en antro, keine) y tomar el primer tren de Lindau a Füssen.

Llegamos a Lindau, hicimos lo que cualquier persona sin dónde-llegar haría (dejamos las maletas que no necesitaríamos en los lockers de la estación de tren) y nos quedamos con lo necesario para sobrevivir una noche: abrigo, cepillo de dientes, dinero en efectivo, instinto de supervivencia. Estuvimos recorriendo el pueblito (25 mil habitantes), encontramos un bar-galería con música en vivo en donde hicimos algunos amigos-conocidos. Estuvimos recorriendo “el malecón” de la isla (no es muy grande en realidad) e inclusive nos tocó ver los fuegos artificiales del otro lado del lago (en Konstanz probablemente). Faltaban unas 7 horas para tomar el tren cuando se nos agotaron las opciones y decidimos volver a la estación de tren: digo, medio dormitar sentado-acostado en una banca de estación de tren no parecía tan mala idea. Lamentablemente el gusto duró poco pues nos echaron de ahí a la media noche. Tuvimos que salir (casi puedo jurar que un vagabundo corrió a encerrarse a un retrete para evitar al policía que nos echaba, probablemente destinado a pasar la noche en un escusado) a buscarnos la vida. Y pues fue así como conocimos la dureza del mármol de un elegante cajero (eso si, con calefacción) del Deutsche Bank. Mismo que por supuesto nos salvó la vida (o por lo menos nos salvó de la hipotermia, afuera habían unos 20 cm. de nieve).

Un sillón de cartón, todo un acordeón. Alegrando el espíritu en Lindau, esperando lo mejor.

Lo demás son detalles. Una vez que tomamos el primer tren austriaco (Österreichische Bundesbahnen) y que dormimos un par de horas en lo que nos pareció un hotel de cinco estrellas, entendimos que tendrían que ocurrir un par de incidentes más antes de que llegáramos a Füssen. Resulta que hay un pase grupal para el sistema férro alemán (una buena opción que es la que casi siempre usábamos) que solo funciona a partir de las 9 de la mañana. Amablemente (aja) un empleado alemán nos indicó que teníamos que descender del tren en la próxima estación y esperar a que fueran las 9 de la mañana. Fue así como terminamos en una “estación” (ni siquiera estaba techada, tenía dos andenes solamente, uno de ida y uno de venida) de un pueblo (con olor a vacas) perdido en la mitad de la campiña alemana. Sacando el mejor provecho de la situación, tuvimos una de las mejores vistas de los alpes suizos-alemanes.  De esas veces en que el mundo se detiene para que tengas “a moment”. En fin. If life gives you lemons…

Un pueblo que huele a vacas y en el que hay mucha nieve

(casi) Finalmente:Füssen. Un destino sin mas, pero obligado a quien decide visitar Neuschwanstein: uno de los castillos alemanes mejor preservados y más impactantes. El cambio de ropa y la ducha (y por supuesto las ganas de todos de “tocar base” en una cama) tuvieron que esperar dado que el check-in se hacía hasta tarde, por lo que nos vimos obligados a coincidir en el mismo espacio que ocupara alguna vez la realeza austriaca habiendo dormido en un cajero, desvelados, ojerosos, cansados pero con toda la actitud.

Hay varias opciones para subir al Neuschwanstein: en coche, caminando o a caballo. Nos decidimos por la última: una carreta jalada por un par de equinos en donde hasta mantita y todo te ofrecen (por aquello de que hacían como 5 grados y nevaba). Hay audioguías y algunos voluntarios/guías de turistas que te hacen el recorrido, aunque también puedes hacerlo por tu cuenta. El castillo del S. XIX fue construido por Luis II. Según Wikipedia, es el edificio más fotografiado en Alemania y uno de los destinos turísticos más populares en ese país, con 1,4 millones de visitantes anuales. Ofrece unas vistas preciosas en cualquier temporada del año. Un must para quien visita el rumbo.

Las fotografías no le hacen justicia a la majestuosidad del castillo. Ver nevar en el Neuschwanstein hace que todo, todo, todo lo que pasamos por llegar aquí haya valido la pena.

Day 4. Luego de subir en una carreta, cuesta arriba, el imponente castillo de Neuschwanstein. Nevadísimo.

Día 5. – 18.02.2013

Una escala en Münich después (la estación de trenes es enorme) llegamos a la tierra de Mozart, de The Sound of Music, de las montañas y de la buena vida: Salzburgo.

Ya con un hotel mucho más decente que el de Lindau (kidding), nos instalamos bastante cerca de la estación de trenes. No hago comerciales (agados por lo menos) pero les puedo asegurar que el Meininger del centro es bastante bueno y a un precio bastante decente.

Salzburg tiene bastante qué hacer. Situado en la cuenca del Danubio, es una ciudad bañada de ensueño. Por supuesto que todo recuerda un poco a The Sound of Music, pues de hecho fue grabada aquí. Hay tours que ofrecen las locaciones del famoso film de 1965 aunque no todos se me hacen tan legítimos. Aquí una página que me parece bastante oficial sobre las verdaderas locaciones.

The hills come alive…

Otro de los clichés turisticos alrededor de los cuales gira Salzburgo, además del musical, es sin duda Mozart. Chrysostomus Wolfgangus Theophilus, o sea, Mozart, nació en esta bella ciudad en 1756. En Salzburg encontrarán toda la mercancía que nunca se imaginaron con la cara de Mozart. Uno de los sitios más concurridos en Salzburgo es precisamente la casa que vio nacer a Mozart: Mozarts Geburtshaus. Hay un museo pequeño ahí y pueden tomarse la foto con la placa que indica que el famoso compositor vio la luz del mundo por primer vez en ese edificio.

Uno de los sitios imperdibles es el Mirabell Palace que puede apreciarse desde casi toda la ciudad. Es un edificio público por lo que el acceso es restringido pero tiene unos jardines que si pueden ser visitados, además de ofrecer una buena panorámica de la ciudad.

Salzburgo invernal se ve algo así, a las orillas de uno de los mayores ríos europeos. El Danubio

En el Kapuzinerberg (Monte de las Capuchinas) se puede obtener también una amplia perspectiva de Salzburgo. Se puede visitar el antiguo claustro y me parece que es un buen paseo. Si bien es bastante grande, hay rutas de hiking y no es difícil, es para toda la familia.

Después de caminar cuesta arriba y listos para comer, una recomendación es el BioBurguerMeister: hamburguesas austriacas bios (para aquellos vegan) a buen precio y con buen sabor. También una de las peores enchiladas de la vida. Por extraño que parezca, si, en Austria.

Uno de los mitos que derrumbamos (así es, ahora también derrumbamos mitos) tiene que ver con Mozart y su entierro. Es mucho lo que se dice alrededor de que si murió en la pobreza, que si su entierro fue en una fosa común, que si está enterrado en Salzburgo o en Viena… en fin. Un local nos confirmó que en efecto Mozart no está enterrado en Salzburgo como al principio creíamos (believe me, preguntamos a más de uno) sino en Viena. La verdad era simple curiosidad (ahora que lo pienso la siguiente parada fue Vienna y tampoco lo visitamos ahí jaja).

Conclsuión. Salzburgo tiene bastante. Se escucha la música por doquier. Ya sea con amigos, con familia o por tu cuenta, es una ciudad que merece la pena la visita.

En retrospectiva. Han pasado 1309 días desde que conocí Salzburgo. No son las decisiones correctas las que te llevan a vivir historias de estas, sino las decisiones aventuradas.

Sobre El Autor

Ingeniero en negocios, consultor financiero. Trying, people. World traveler de tiempo parcial, a veces nini de tiempo completo. Políglota wannabe. Estudiante de maestría. Administrador de proyectos en potencia. Tratando de no ser una persona normal desde 1991.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.