Nodo – Del latín nodus (“juntura”).

Tal vez en algún momento hemos escuchado algo referente a Alan Turing, su máquina o la famosa prueba que lleva su nombre (incluso salió una película bastante buena sobre su vida – El código Enigma).
La prueba de Turing permite validar si una máquina posee un comportamiento inteligente similar al de un ser humano. Si durante una acción (tradicionalmente una conversación) no es posible distinguir si se trata de una máquina o una persona, se dice que se ha alcanzado dicha prueba.

Desde que Turing ideó esta prueba, son muchas las personas que han intentado superarla. Ya sea en el campo de las matemáticas, el arte, la comunicación o el entretenimiento, siempre hay una meta que se quiere superar.

Uno de los casos más conocidos sucedió en 1997 cuando la computadora Deep Blue venció al campeón de ajedrez Garri Kasparov.

Fueron  también sonados el sistema informático Eugene Goostman que simulaba el diálogo con un niño de 13 años, Eliza que se hacía pasar por psicoterapeuta o Lamus que realizaba composiciones musicales. Todos ellos, junto con otros tantos, han significado grandes avances en el campo de la inteligencia artificial.

Todo ello nos conlleva al dilema ético sobre si es necesario saber de antemano cuando estamos frente a un sistema computacional o una persona real. Hoy en día se utilizan muchos de estos sistemas en call centers, chats, tiendas en línea, juegos, sensores biométricos, etc.

Inteligencia artificial

Inteligencia artificial

Si bien es cierto que se han llevado a cabo grandes descubrimientos en las técnicas de sistemas inteligentes y la misma inteligencia artificial, también es prudente decir que aún es largo el camino que nos falta por recorrer para poder alcanzar lo que hasta ahora son teorías.

La prueba de Turing seguirá siendo un hito al que el hombre aspira llegar en algún momento. De esta manera, podemos decir que cada uno de los bloques representados como nodos de una máquina de Turing, procura ser el punto de partida para establecer nuevas formas de cohesión de la información en búsqueda de la generación de nuevo conocimiento en cualquiera de sus formas, planteando con ello la continua interrogante: ¿serán las máquinas capaces de pensar de la misma forma en que lo hacen las personas?

Sólo podemos ver poco del futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta de que hay mucho que hacer.

-Alan Turing

Sobre El Autor

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