Como parte de la serie “La moda no es solo moda” que inicié hace algún tiempo en el blog, en esta ocasión me gustaría hablar sobre algo que llamó mi atención leyendo algunas notas en Internet sobre la reciente London Fashion Week. Entre los clásicos desfiles de importantes marcas de la escena de la moda, la firma Fyodor Golan presentó en su pasarela una falda hecha a base de smartphones, ocupando alrededor de 80 de estos dispositivos y en los que las pantallas mostraban patrones sincronizados con el movimiento y la luz.

En un mundo en el que la creatividad nos hace pensar que ya hemos visto todo, asombrarnos por esta hazaña podría no representar la gran cosa. Pero, si esto es así, lo relevante de este dato es la evidencia del creciente desarrollo de una conjunción tan impensable como lo hubiera sido Internet y la vida diaria: la dupla de tecnología y moda. Funcionalidades que son propias de los gadgets comienzan a pensarse de un modo en que convivan de manera más cercana con los usuarios, y qué otra mejor manera que a través de la ropa que usamos todos los días. La tecnología wearable (“vestible”, por traducirlo de alguna manera) empezó a dejar de ser solo un término de la informática del futuro.

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Un ejemplo muy notable son los Google Glass, un par de gafas provistas de conexión a Internet, cámara, aplicaciones y acceso a comandos de voz, desarrollado por la empresa del buscador apenas en 2012, en su fase de prototipo. Lo que siguió fueron los relojes inteligentes, que amplifican, en teoría, la experiencia de uso de un smartphone y que proporcionan -intuitivamente, podría agregar- información relevante al momento de mirar el dispositivo. Un tren al que Apple se acaba de subir, y del que Samsung, LG y Motorola ya le estaban ganando el paso.

Sin embargo, esto es por lejos el inicio de lo que en unas décadas llegará a nuestros guardarropa: vestidos que vuelan (el prototipo “Volantis”, ideado -supuestamente- por Lady Gaga y la gente detrás de ella para dar promoción a su música), o que se mueven solos (las prendas de la diseñadora canadiense Ying Gao), mini-computadoras que caben en los pequeños bolsos de mano (el HP Digital Clutch), o telas que parecen moverse de manera grácil independientemente del caminar de quien las viste (el concepto desarrollado por el madrileño Leandro Cano y que le valió un premio por innovación tecnológica), son solo algunos ejemplos. Por ahora, en Inglaterra, escuelas de moda instruyen ya a sus alumnos en lenguajes de programación avanzados y con conocimientos de las ciencias informáticas. Recientemente, estudiantes del Royal Collage of Art en Londres presentaron un proyecto denominado Eidos, un conjunto de máscaras que ayudan a amplificar el sentido de la audición, permitiendo incluso discernir sonidos o voces aún a distancia, y distinguirlos entre el ruido ambiental.

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Claro está, que en la industria de la moda no todo se trata de producir prendas para vestirse. Hay que vender dichas prendas, razón por la cual existen los Fashion Weeks alrededor de las capitales de la moda en todo el mundo. Pues bien, hacer piezas tecnológicas de moda amerita una misma estrategia de marketing, ya que, a final de cuentas, lo que las compañías de tecnología están vendiendo son artículos que generen tendencias. Google entendió bien esto y en la semana de la moda de Nueva York, presentó como un accesorio sus gafas inteligentes, cambiando algunas de sus partes por acabados elegantes o de colores de moda para hacerlos, en efecto, un objeto de deseo.

Así, estos pequeños guiños de la industria de la moda suponen que la tecnología está destinada a convivir cercanamente con ella en un futuro, tal como sucediera con otras ramas creativas como el arte digital o las comunicaciones en Internet. Por ejemplo, eventos como el London Fashion Week son transmitidos vía internet a prácticamente todo el mundo, con lo que cualquier seguidor de la moda tiene acceso en vivo a los acontecimientos de las marcas que participan de ellos; la marca Fendi quiso poner su toque y en su transmisión en streaming de este año, utilizó drones (tal como sucediera en las transmisiones de los partidos de fútbol del pasado mundial de Brasil 2014) que aportaban una perspectiva más dinámica de su desfile: o Marc Jacobs, que lanzó una convocatoria para reclutar modelos a través de redes sociales y del uso del hashtag #CastMeMarc, eso sin mencionar el espectacular escenario en el que se desenvolvió la presentación de la colección de temporada de este diseñador.

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Sobre El Autor

Artista digital. Diseñador. 27

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