Ya hemos hablado en ocasiones pasadas del miedo y su presencia casi inminente en nuestra vida; incluso algunas formas en que se presenta y recomendaciones para superarlos.

En esta ocasión trasladamos ese mismo concepto al mundo de los negocios y, más aún, a quien es cimiento y, en ocasiones, el eslabón más frágil de la cadena empresarial: el emprendedor.

¿El emprendedor tiene miedo? Por supuesto que lo tiene. Siempre hay momentos en los que se enfrenta cara a cara con alguna decisión de gran importancia y los efectos de la misma pueden suponer cambios importantes en su persona, equipo de trabajo o negocio.

El primer miedo se da justo al comienzo, justo después de que hora tras hora, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, … pensando en el valor agregado de su negocio, analizando a la competencia, llevando a cabo un modelo de negocio, contactando posibles proveedores, realizando corridas financieras, y todo lo que un buen análisis involucra, se da cuenta de que todo eso que ha confabulado en la mente y ha plasmado en algunos documentos debe llevarse a cabo en la realidad de manera inmediata. Aquí surge el miedo en forma de dudas: ¿Será buen momento para salir a mercado? ¿Necesito más experiencia en el ramo para poder participar de buena manera? ¿Son suficientes mis recursos, o necesitaré mucho más para poder coexistir?

Y es que después de todo Emprender tiene intrínseco el concepto de riesgo, así que no hay forma de evitarlo. Mucho menos se puede pretender evitar el cambio; el mismo Heráclito manifestaba que todo está en un cambio incesante (TODO, incluidos tu y yo); la inteligencia emocional, por su parte, propone que de manejarse adecuadamente puede generar respuestas inteligentes y evitar la ansiedad (causal de parálisis).

Otro momento crucial, en este sentido, es a la hora de buscar clientes potenciales. La exposición de la persona, la empresa o el producto ante un mundo en el que generalmente no tendrá cabida, al menos en un principio, puede provocar nerviosismo y temor a ser rechazado, cosa que no sucedería en una gran empresa en donde hay expertos en cada área que se han dedicado durante años a resolver estos detalles. Esa sensación de tener demasiado peso sobre los hombros puede frenar el correcto accionar de la organización que apenas comienza su travesía.

Existe además un factor más que puede generar miedo, y que por lo general es el causante de que muchos emprendedores deroguen sus sueños sin siquiera haber comenzado: El qué dicen los otros.
Se conoce de sobremanera que dos cabezas piensan mejor que una y que la opinión de los demás puede ser gratificante a la hora de iniciar un negocio; no obstante, cuando la opinión no se limita a tal y se convierte en una crítica destructiva o aspiracional negativa, puede perderse el rumbo de los objetivos planeados y buscar excusas o cambios para “satisfacer a los demás” a sabiendas de que nunca se logrará esto.

Identificado estos y otros escenarios, los expertos sugieren acciones a considerar para evitar caer en este miedo a emprender:

1. Firmeza. Si crees en tu negocio lucha por mantenerlo, no lo dejes morir de un día a otro. Evidentemente con el paso del tiempo sufrirá cambios pero la esencia deben mantenerla tanto tú como la empresa.

Firmeza

Firmeza

2. Simpleza. Antes de complicarte la existencia buscando posicionarte como la mejor empresa del mundo y preocuparte por cada detalle que podría llegar a pasar, intenta enfocarte únicamente en hacer que tu producto ataque el problema que busca solucionar, ni más ni menos.

3. Fiereza. Identifica aquellas situaciones que te provocan algún tipo de miedo y busca soluciones para poder eliminarlas lo más rápido posible. El miedo, al igual que muchos insectos desagradables pueden hacerse más grandes, molestos, violentos y resistentes si se les deja estar presentes.

4. Entrega. Dedica tiempo y esfuerzo, un negocio no se hace de un día a otro, requiere paciencia y mucho trabajo diario. A las primeras señales de agotamiento, distracción o miedo busca nuevamente el motivador que te llevó a querer llevar a cabo tu emprendimiento. Repásalo las veces que sea necesario para confirmar si es buena razón para continuar y llenarte nuevamente de esa vitalidad emprendedora.

5. Certeza. Debes tener la seguridad de que lo que estés haciendo lo hagas de la mejor manera posible para que la satisfacción al ver los avances al final del día sea gratificante. Pon fechas de entrega, tiempos de trabajo y descanso, y asegúrate de que se cumplan adecuadamente.

6. Perspectiva. Hay dos polos opuestos: “¿Que hubiera pasado de haber llevado a cabo mi emprendimiento?” o “Me pudo haber ido bien o mal, pero aprendí demasiado de este emprendimiento, estoy listo para el siguiente reto”; ¿en cuál te gustaría estar? La recomendación: Inténtalo.

El miedo está y siempre estará en nuestras vidas, lo importante es saber canalizarlo para que no se convierta en algo negativo sino que sea un aliciente para continuar en el proceso de crecimiento. A seguir emprendiendo!!!

Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas.
     -Paulo Coelho

Sobre El Autor

Consultor tecnológico. Amante de la tecnología y del desarrollo de nuevos productos y mercados. Creyente en el conocimiento, colaboración, trabajo en equipo y la creación de alianzas para poder generar innovación.

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