Mentiras de verdad son dos artículos que se complementan, el primero “Todo para el pueblo pero sin el pueblo” se publicó en el periódico 385 grados el 14 de agosto del 2016, aquí hablo acerca de la razón de imposición de las políticas sociales en el territorio mexicano, tratándose finalmente de algo que conviene a la realidad de las clase política y empresarial. Para estas fechas decidí publicar en este espacio la segunda parte de esa columna “El error de la reforma educativa”, en la cual se trata el tema de la percepción que tiene el pueblo sobre esas verdades (utilizando el ejemplo de la reforma educativa) que les son impuestas bajo la moral de las políticas públicas y los falsos principios como errores en los que se fundamenta una filosofía que aceptamos por imposición.

“TODO PARA EL PUEBLO PERO SIN EL PUEBLO”

 

La mente omnipresente de los organismos financieros y trasnacionales como el  Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco de México (BM), Banco Interamericano del Desarrollo (BID), la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE), y Mexicanos Primero, nos proporcionaron una pauta a seguir, una reforma educativa concebida para el bien del pueblo, impuesta claro, desde la Cámara de Diputados. ¿El bien del pueblo? Seguramente no habremos escuchado bien, pero entre líneas todo el tiempo nos lo han dicho, de hecho, nos lo han repetido tantas veces que alcanza grados de una imposición incuestionable, estamos convencidos de que eso de las reformas así como así,  es lo que nos hace falta, que venga lo que sea pero necesitamos el cambio, es más ni siquiera importa si es regresivo, ¡cambia!

Al menos en este sexenio, toda la cuestión ha sido regresiva, somos habitantes de un lugar diametralmente opuesto a la democracia, hoy inhalamos y exhalamos partículas del Despotismo Ilustrado, ese régimen político del siglo XVII que emanaba de sus leyes la ideología imperante, mostrando su capacidad, fuerza absoluta y única del desarrollo del hombre moderno. Las reformas del gobierno mexicano al igual que las de los reformistas prusianos y austriacos de aquel siglo, toman convenientes partes de la ideología que impera, para después fundamentar con ello una reforma a la medida para el “desarrollo”.

Traduzcamos, el nacionalismo mexicano es parte del carácter ideológico del territorio, no importa que choque con la idea del neoliberalismo, las leyes son formuladas para mantener un poco del orgullo nacionalista, por ejemplo, el discurso oficial dice que PEMEX no está privatizado, que la CFE no está en proceso de hacerlo también o que aún mantenemos la soberanía de nuestra educación, pero las reformas siguen una lógica de contrato de venta con organismos que nada tienen que ver con cederle la pertenencia al territorio mexicano, sino, en arrebatarla progresivamente.

A simple vista, una “noble mentira” en aras del desarrollo y el bien del pueblo, o mejor dicho, al menos para mantenerlo estable y sostener las imprescindibles condiciones del modelo económico neoliberal, como la explotación de personas y tierras, el condicionamiento educativo, la precariedad salarial, etc. Toda una forma de concebir el bien ante las adversidades; según la lógica de la fuerza económica, finalmente estas opciones son mejores que nada. El gobierno y los organismos nos dan el derecho de un status social, para mantener el sistema sustentado en el crecimiento económico a base de trabajo individual y esfuerzo, pertrechando así la fuerza que aguanta por debajo de nuestros proveedores de la verdad única y absoluta para el desarrollo, los empresarios y organismos internacionales.

 

Pero ¿será esta una buena concepción del bien para el pueblo?, como habíamos dicho, las reformas caen en una suerte de gobierno absolutista, el despotismo ilustrado, en el cual la opinión del pueblo no es tomada a consideración para las reformas que se establecerán. El científico racionalista del siglo XVII, Nicolás de Condorcet aunque siendo de pensamiento liberal, nos da un buen argumento para entender este cuestionamiento, él dice, resumidamente, que el hombre consiente de lo que le hace bien, querrá que las leyes de su país se combinen de forma tal que le procuren la mayor felicidad posible, hablamos de un pueblo que razona bien sobre su felicidad. Sin embargo, no siendo conscientes de tal felicidad la verdad sobre dicha cuestión se diluye en un mar de necedades innecesarias para el bien de todos, provocando que no se ocupe un motivo real para conformar la constitución social perfecta o al menos equilibrada. Digamos que para México, la reforma educativa condiciona el porvenir de muchas generaciones con una versión del bien en la cual el mayor porcentaje de las personas piensa que hay que sobresalir en la vida con un éxito alcanzado por la individualidad del trabajo, importando poco la restricción de los derechos y libertades de otras personas, cuestión que evita que la constitución social sea equilibrada y los conceptos de felicidad sean distorsionados para consentir el prejuicio de la auto explotación y explotación laboral externa como única forma de expandir el bien.

Alto, hagamos un clavado retrospectivo, ¿Porqué para hacer las reformas no se considera al pueblo? En teoría se considera al pueblo mediante los partidos políticos, entes en donde se alberga la representación política de las partes de la sociedad, por gente preparada o “profesional” haciendo política, los políticos; para ser uno de ellos hay que pasar por toda una travesía de traiciones y amistades, compradas o sujetas, lo cual forma nichos de poder, todo esto es un espiral vicioso, pues cuando se llega a votar una ley, las influencias de poder económico se ejercen, haciendo amistades y alianzas  entre la clase política, los empresarios y el orden mundial, es decir los organismos internacionales; al final se forma una visión como la del Trasímaco platónico, en la cual la justicia se reduce únicamente al interés del más fuerte.

La visión de justicia, que se nos ha implantado corresponde a la visión del bien acaecida sobre el pueblo, y en tanto se mantenga está visión distorsionada del bien que sólo polariza a la sociedad tanto económica como políticamente, el poder de propiciar las verdades morales de la clase política o burguesa sobre el pueblo, creará un tipo de constitución social conformada por opresores y oprimidos, llevando a segundo término los intereses del pueblo en general en la toma de decisiones.

 

El error de la Reforma Educativa

 

En 1778 la Real Academia de Ciencias de Berlín, convocó a un concurso auspiciado por el Monarca prusiano Federico II, el lema del concurso ¿Es conveniente engañar al pueblo?  Llevaba consigo una lógica del despotismo ilustrado, pues trataba sobre lanzar disertaciones filosóficas acerca de sí era útil para el pueblo ser engañado, induciéndoles a nuevos errores o bien manteniéndole en los que ya estaba; todo esto como una contra – filosofía de la “razón de estado” que se había consolidado con Nicolás Maquiavelo. Las respuestas ganadoras del concurso tenían opiniones muy singulares, la que apostaba por el “sí”, disertación del francés Fréderic de Castillon, conservaba la idea de que había que mentirle al pueblo con el argumento de su condición de minoría de edad perpetua, (se comparaba a la inteligencia del pueblo con a la de un niño); mientras que el ganador por el “no” Rudolf Zacharias Becker, sostenía que las autoridades debían proteger las libertades de expresión y pensamiento al tiempo que educar al pueblo para sacarlo de su estado de postración. Nosotros nos inclinamos aquí por la posición de Becker.

Nicolas de Condorcet también envió una disertación muy brillante en la que explicaba su negativa a engañar al pueblo del gobernante, y admite que las verdades morales son más discutibles que las verdades científicas, aquí se dispone a demostrar mediante una cadena de argumentos, que “la felicidad común, sin distinción de la procedencia social, será mayor, cuanto mayor conocimiento tengan todos acerca de los asuntos que les conciernen”. Por otro lado argumenta que la brutalidad y la ignorancia de los menos favorecidos terminarán por afectarles también a la clase favorecida u opresora, esto como un cálculo erróneo de su propio bien estar.

Todo esté tiempo hemos sido cegados por una verdad moral de las clases opresoras, repitamos, los burgueses, políticos y el orden mundial que establecen estas verdades, han caído en el error de no considerarnos. Pero entremos en materia, la Reforma educativa argumenta que la educación será adecuada a un sistema moderno de aprendizaje, que reforzará la condiciones para el desarrolló del país.

Siguiendo el trabajo de Condorcet, se cuestiona en esta disertación que, “si para continuar razonando la verdad, habría que adherir errores especulativos que se harían adoptar al pueblo”. Se podría decir que la reforma educativa no es ninguna verdad que corresponda al bien general del pueblo, sino una verdad moral, en la que se busca la subsistencia de la clase opresora, sin embargo tiene falsos principios como el trabajo individual, pero aun así no es una verdad moral útil para el bien general.

Condorcet se hace una segunda pregunta a propósito del motivo de la primera, (la continuación de la buena razón), y es: “sí fortalecer los intereses razonables en conducirse bien, mediante motivos fundados en opiniones erróneas, serviría para tal fin”, es decir, aceptar la moral preestablecida por los opresores y fortalecerla. Esto es tal cual lo hace la reforma educativa, y sólo ha servido para perseguir motivos erróneos como el mejoramiento económico de las personas y la mayor educación, consecuentes con la lógica de la moral establecida por los organismos internacionales y demás (clase opresora). Entonces este segundo cuestionamiento no hace que como mexicanos se pueda hacer uso de un razonamiento fundado en la estricta verdad, digamos del bien común.

Cada una de estos cuestionamientos tiene sus inconvenientes según Condorcet, en el primero; “los hombres que se dieran cuenta de la falsedad de las opiniones, al rechazarlas, se expondrían también a rechazar las verdades, a las que se hubiera proporcionado esta base tan débil”. Con respecto a la reforma educativa, las personas que se dieron cuenta de la falsedad de las opiniones, es decir de los argumentos de la reforma, los rechazaron y con ello rechazarían una verdad que conlleva errores, pero cómo habíamos dicho, la única verdad de la reforma educativa es una verdad (moral) para la clase opresora, por tanto no se rechaza ninguna verdad fundada en el bien general, sino que se sigue rechazando una verdad fundada en el bien de los opresores. Aunque podría resultar si dijéramos que la única verdad que guarda la reforma educativa es el “espíritu por reformar” entonces, si este espíritu reformista fuera rechazado, sería tal y como Condorcet lo ha manejado en su conclusión de primer inconveniente, añadiendo que esta verdad a falta de motivos que determinen su bien verdadero, culmine en una protesta social que carece de la moral del bien común, busque una nueva; podría decirse que el ciudadano ha quedado desprovisto de garantías y busca en sí una moral aún mejor, lo que conlleva a sujetarse a la  verdad moral, no obstante no real, del sindicato CNTE.

En la segunda cuestión el inconveniente es que; “es casi imposible que los hombres encargados de mantener al pueblo en tales falsas opiniones, el lugar de destinarlos al apoyo de la verdad, no se sirvan de ellas para establecer errores peligrosos”. Los hombres encargados de mantener los falsos argumentos en pro de la reforma educativa,  son los secretarios de gobernación y educación, aparte del presidente, ellos establecen errores que pueden ser aún peores que la mentira para nosotros en sí (lo que es su verdad), pues al ejercer su poder supeditan aún más al ciudadano que protesta, lo oprimen bajo acciones que desestabilizan y corroen aún su propio juego, su propia mentira, o para efectos de la moral útil, su propia verdad.

Otro argumento de Condorcet en contra del despotismo, “es la acción del disparate, cuanto más absurdos sean los motivos, más peligrosos, y cuanto más se aproximen a la verdad, cuanto más difícil sea establecer su falsedad”. Tomemos esa perspectiva en que la única verdad que guarda en sí la reforma educativa es su espíritu reformador, motivo que se acerca mucho a la verdad del bien general, no obstante, con el rumbo que le demarca la clase opresora, no se acerca mucho a tal verdad, si no a la que ya habíamos mencionado en favor de los opresores.

Uno de los argumentos más fuertes de Condorcet, es que, “una moral útil para la felicidad de un pueblo, no trata tan sólo de impedir crímenes secretos reservados a los grandes criminales, sino de impedir los grandes crímenes públicos”. La reforma educativa en sí es un crimen contra todo el pueblo del territorio mexicano, los únicos que pueden sacar algo bueno de esto, en su lógica capitalista y extractiva son los opresores; si se tratara de impedir un gran crimen público, no se utilizaría el discurso satanizador contra la CNTE, merézcalo o no, tomaría en cuenta los diálogos y cedería cambiar los puntos de la privatización educativa, porque lo es, aunque no toque los puntos de los derechos laborales.

Termino con esta cita de Nicolas de Condorcet: “El gusto por la sutileza, la vanidad, los prejuicios, ligados a nuestros intereses y pasiones, multiplican la falsedad de espíritu, y sí en casi todas partes el pueblo tiene ese espíritu erróneo, no es porque sea ignorante, sino porque en casi en todas partes, se ha hecho todo lo posible por volver estúpidos a los hombres”

Bibliografía.

Condorcet, N. (2010) ¿Es conveniente engañar al pueblo?, n/a, Diario Público ed.

(Libro de la imagen)

 

 

 

 

 

 

 

Sobre El Autor

Politólogo, nulo de religión.

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