En el chiapaneco Jaime Sabines , poeta del amor y de la muerte, los sentimientos son la vitalidad de su creación.

Admirado y considerado por muchos como una de las grandes figuras de la literatura mexicana del siglo XX, hoy por hoy, sigue a la vanguardia. Este poeta sigue tan vivo como hace un par de décadas entre sus cuantiosos lectores, que le reviven e inmortalizan cada vez que dan lectura a alguno de sus brillantes textos. Entre algunas de sus obras más emblemáticas se encuentran Horal (1950), Adán y Eva (1952),Tarumba (1956), Yuria (1967) y, Algo sobre la muerte del mayor Sabines, publicada en 1973; entre otras obras no menos formidables. Con su poesía, pareciera leer en-sí lo que le falta a la realidad de todos, esa especie de goce ante la expectativa del encuentro con el otro a través de la soledad y la comunión con el nombrar de la palabra. Sus construcciones poéticas perviven en la mente del lector gracias a la naturalidad con que están dichas las cosas. Sin los razonamientos sobre los principios del hacer o del reflexionar del lenguaje poético, como mero artificio conceptual, y menos de la significación lingüística, su obra ha trascendido el mundo ficticio donde muchas veces se ubica al poeta, y ha penetrado y compartido la vida del hombre ordinario, del tropezarse “pinche piedra”, del borracho, del promiscuo, del bravucón, del hombre sin más, del que sólo vive la vida desde su existencia temporal, desde lo más próximo y cotidiano, como es la muerte, el amor, el deseo, el dolor; pero también es la materia prima esencial donde el poeta encuentra la riqueza de la poesía y el valor de hacer poemas.

Un 25 de marzo de 1925 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la vida nos obsequió no sólo a un gran poeta, sino también, a un maravilloso ser humano; quien con su pensamiento y el alma en la pluma, creo una poesía estupenda e invaluable. El 19 de marzo de 1999, en Ciudad de México, a los 73 años de edad y con un cuerpo debilitado, nos abandona físicamente el escritor Jaime Sabines Gutiérrez, pero deja su esencia impregnada en todos y cada uno de sus escritos.

Les compartimos uno de sus espléndidos poemas:

“Yo no lo sé de cierto…”

Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
un día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)

Sobre El Autor

Un bibliópata, amante de la filosofía, la literatura y la poesía.

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