A lo largo de la historia de la humanidad, el ser humano se ha encontrado con infinidad de interrogantes acerca del origen de todas las cosas, hasta llevarlo a su propia genealogía y empresa que representa en el universo –su existencia–. La primera  línea de La metafísica de Aristóteles, dice:  “Todos los hombres desean por naturaleza, saber”. Y ese impulso por conocer más, será, quizás, la principal causa de una aguda angustia que impera, todavía, hasta nuestros días en la vida del individuo. Esta sensación de angustia, inherente al ser humano, que ha perseguido a grandes pensadores como los filósofos  Nietzsche, Heidegger o Jean- Paul Sartre, por mencionar sólo algunos; será moldeada para convertirse en pieza clave del existencialismo.

 

El existencialismo nace como una reacción frente a las tradiciones filosóficas establecidas e imperantes, como lo es el realismo o el empirismo, que buscan descubrir un orden legítimo dentro de la estructura del mundo observable, en donde se pueda obtener el significado universal de las cosas. El antecedente más importante del existencialismo fue el filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855), el inventor del término “existencialista”, el cual representaría una gran influencia posterior en Sartre, quien erigió de manera formal  “el existencialismo”  en obras como  El ser y la nada (1943) y  El existencialismo es un humanismo (1946).

 

Por otro lado, diversas novelas como La muerte de Iván Ilich, de León Tolstói, (1828-1910), o El día que Nietzsche lloró, de Irvin D. Yalom, (1931), que estudiaremos brevemente , tienen connotaciones existenciales y las abordan de  manera profunda, indagando en la vida de sus personajes, temas como: la condición humana, el absurdo de vivir, la significancia e insignificancia del ser, el dilema en las guerras, el eterno tema del tiempo, la libertad: física o metafísica, la relación dios-hombre, el ateísmo, la naturaleza del hombre o  la vida y la muerte. Esta corriente filosófica busca revelar lo que rodea al hombre, haciendo una descripción minuciosa del medio material y abstracto en el que se desenvuelve el individuo (existente), para que éste obtenga una comprensión propia y pueda dar sentido o encontrar una justificación a su existencia. Esta filosofía, a pesar de los ataques provenientes con mayor intensidad de la religiosidad cristiana del siglo XX, busca una justificación para la existencia humana. El existencialismo, de acuerdo a Jean-Paul Sartre, dice que en la naturaleza humana:  “la existencia precede a la esencia”, pensamiento iniciado por Aristóteles y proseguido por Sartre, quien indica que los seres humanos primero existimos y luego adquirimos esencia.

 

La existencia individual

Conocemos el camino que los filósofos de la corriente existencialista recorrieron en el proceso de su desarrollo, a través de la búsqueda de respuestas en los confines de sus propias conciencias. Nos adentraremos no sólo en la filosofía existencialista de Jean-Paul Sartre; sino también en dos obras más. La primera: una  novela corta del escritor ruso León Tolstói, La muerte de Iván Ilich; y la segunda: El día que Nietzsche lloró, novela de ficción escrita en 1992 por el psiquiatra judeo-estadounidense Irvin D. Yalom. De estas obras literarias, habremos de hacer un análisis de forma breve, pero contundente, de las analogías existentes en su contenido.

 

 ¿Qué es la existencia para el ser?

La filosofía sartreana propone: “La existencia precede a la esencia”; dicho de una forma más simple, sólo se existe, y  mientras se vive, se va  aprendiendo de las demás personas que nos rodean, mismos que han inventado cosas abstractas; desde Dios, hasta la existencia de una esencia humana previa; el humano, entiende Sartre, se libera en cuanto se realiza libremente, y esa es su esencia, es decir, su esencia parte desde sí para-sí .  El mismo escenario se aprecia en las novelas El día que Nietzsche lloró y La muerte de Iván Ilich, donde en ambos casos los  personajes centrales, viven situaciones similares que ponen a prueba su temple emocional, llevándolos a una melancolía existencial extrema.  En el primer caso, se ve a un Nietzsche devastado, física y emocionalmente a consecuencia de un “desamor”, que lo lleva al borde del suicidio. El doctor Josef Breuer, quien juega un papel interesante y fundamental en la historia, se encuentra ante la clara manipulación de Lou Salomé (mujer que le “rompe el corazón” a Nietzsche), comprometiéndose a tratar las dolencias y tendencias suicidas del filósofo, sin imaginar lo que le deparará ese encuentro. Hasta ese momento Josef Breuer ocupa el papel de autoridad ante Nietzsche, pero sólo bastarán un par de días para que los papeles terminen invertidos y ambos personajes se adentren  en sus más profundos abismos inconscientes, develando así puntos importantes sobre el existencialismo.

 

Por otra parte, en la segunda novela, La muerte de Iván Ilich, se distingue la misma clase de angustia en el personaje central. El protagonista, un pequeño burócrata que fue educado en su infancia con las convicciones de poder alcanzar un puesto dentro del gobierno del Imperio Ruso. Paulatinamente sus ideales se van cumpliendo, pero se dará cuenta  que no ha servido de nada el esfuerzo hecho; al llegar cerca de la posición que siempre ha soñado, se encontrará en el dilema de descifrar el significado de tanto sacrificio, y de valorar también el desazón reinante en el pequeño entorno familiar que se ha aparcado. Un día cualquiera, Iván Ilich se golpea al reparar unas cortinas y comienza a sentir un dolor que lo aqueja constantemente. Cabe señalar, que dicho golpe es totalmente simbólico; sube a una escalera y al llegar a lo más alto —no solo de la escalera, sino también en su estatus social— cae, y ahí comenzará su decadencia. Lentamente, el protagonista (Iván Ilich), irá muriendo y planteándose el por qué de la muerte y de la soledad que lo consume, a pesar de estar rodeado de personas en el mundo aristocrático, “comme il faut” como el mismo autor lo dice.

Pero volviendo a las semejanzas de carácter  existencial que se encierran tras la angustia de cada uno de los  personajes, en ambas novelas,  podemos observar algunos cuestionamientos como los mencionados a continuación, que se plantean a sí mismos  los protagonistas:

 

¿Qué sentido tiene la vida?

Tanto para Nietzsche, Breuer e Iván Ilich, el panorama en un punto de la historia, se torna sombrío, desbastador y sumamente pesimista.  En ambos escenarios y en dichos personajes se aprecia claramente el sufrimiento hacia un desenlace natural e inevitable, la muerte. El sentimiento hacia la muerte se convierte en la angustia más grande y desgarradora para el ser humano, ya que el misterio que tras ella se esconde, resulta para la lógica de la conciencia  un rotundo absurdo.

El pesimismo que envuelve a estos personajes, acerca del sentido que tiene la vida al encontrarse con el dolor que produce la pérdida (la muerte), los lleva a una reflexión más profunda sobre el papel que ejercen dentro del plano social y universal; estas reflexiones no sólo agudizan su angustia, sino que  los lleva a revalorizar aspectos fundamentales acerca de las complejas estructuras sociales ya establecidas, dando como resultado un planteamiento sobre el ser humano, distinto;  poniendo a éste no sólo como yecto (arrojado), sino como proyecto: un proyecto en situación. Sin embargo, estás posturas no tienen que comprenderse necesariamente como pesimistas; para Sartre, la angustia de un alma consciente de encontrarse condenada a ser libre, significa tener en cada instante de la vida, la absoluta responsabilidad de renovarse. Desde esta perspectiva, quizás, un tanto optimista, sirven no sólo a los personajes  de las obras literarias (objeto de estudio), sino también a otros pensadores, replanteando así  problemas y, por supuesto, nuevas soluciones ético-morales, para obtener beneficios más saludables en nuestras sociedades presente y futuras.

 

¿Para qué o por qué existe el ser?

La existencia humana humana es la actualidad, el momento presente, la realización de unas posibilidades que revelan las cualidades del hombre. Consideran que la existencia precede a la esencia, que el hombre cuando nace, no es nada, y que solamente existe cuando va decidiendo libremente lo que es y lo que será.  En este sentido, el hombre no sólo es pensamiento o conciencia de sí y de lo que lo rodea, también es acción, movilidad, cambio y diseño. “El compromiso es un acto, no una palabra”, estás palabras tienen un sentido moral y muy humano, dado lo que se trata de decir, una crítica y un golpe bajo a la “política de aparador” que se ha vivido en las últimas décadas. Sartre plateó el dilema: “O nos suicidamos o decidimos subsistir”. Si se decide vivir, entonces entonces hay que comprometerse. Ese compromiso lo vemos reflejado en Iván Ilinch, cuando decide abandonar su posición social, para ir en la búsqueda de la justificación de su propia existencia; dando como resultado, la contemplación del personaje, directamente en  ese vacío que tanta angustia nos reporta la muerte. Sin embargo,  también encuentra una  crítica al modo de vida de la sociedad rusa burocrática de aquella época. criticando de esta forma, la vida que se torna mucho más «vívida» cuando, observada en contraste con el negro fondo de la muerte, explicando la angustia que es la mentira en una sociedad donde todos quieren negarse a la muerte.

Por otro lado, también podemos apreciar está misma angustia evasiva la vemos en El día que Nietzsche lloró, cuando al invertirse los papeles médico-paciente, Nietzsche ejerciendo, ahora, la autoridad de médico, dice a Breuer: “Estamos más enamorados del deseo, que de lo deseado”; Este reflejo inconsciente de angustia, pero sobre todo de insatisfacción nos habla de un escenario que ante la falta de certidumbre existencial, el ser humano termina refugiado en una pérdida de autocontrol, llevándolo a la ambición, egoísta, que siempre,  volcará en un circulo vicioso de fantasias y deseos suprimidos, y otros reprimidos, pero al final, con el mismo resultado, la insatisfacción.

 

¿Existe la libertad total?

La libertad puede apreciarse desde diversos ángulos y matices muy complejos. “Sólo cuando el hombre se esclaviza, puede mirar con claridad su libertad”. Esta respuesta le dá Nietzsche a Breue, al tratar un asunto sobre este tema.  Es por ello, que desde está perspectiva, puede considerarse la existencia como una forma de ser específicamente humana: sólo el hombre existe; las demás cosas son. La existencia es una forma de ser consciente, libre y activa, que se define más por su realidad que por su posibilidad (“el hombre está condenado a ser libre” afirma, Sartre).

 

Estás similitudes de cáracter existencial, las vemos plasmadas de diversas formas en las obras literarias  El día que Nietzsche lloró y La muerte de Iván Ilich, donde Nietzsche brinda varios planteamientos que definirán más tarde su pensamiento filosófico y con él su trabajo literario; trabajo que será legado a la posteridad, influenciando a otros pensadores, representantes del existencialismo como  Heidegger , Merlea-Ponty, Sartre y Camus. Dando con ello, surgimiento a las tres escuelas de pensamiento existencial: el existencialismo ateo (representado por Sartre), el existencialismo cristiano (representado por figuras como Kierkegaard o Dostoievski), y el existencialismo agnóstico (representado por Camus y Heidegger).

 

Sobre El Autor

Un bibliópata, amante de la filosofía, la literatura y la poesía.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.