Bueno, pues ahora sí después de las fiestas decembrinas, y de algunos días de descanso y reflexión, es tiempo volver a las andadas en este recorrido.
Inicia un nuevo año y con ello nuevas historias que contar.

Hace unos días que fui al cine, una de las escenas de la película mostraba al personaje principal corriendo, sin rumbo aparente, sin detenerse a descansar un solo instante hasta llegar a su destino, el cual se deduce bastante lejano ya que se nota su andar durante todas las fases del día.
Esta escena invariablemente me hizo recordar a la famosa película protagonizada por el carismático Forest (seguramente no fui el único al que le pasó esto) y al mismo tiempo me hizo reflexionar sobre este suceso, lo cual, de primera instancia, me parece una gran manera de escapar del momento en el que se encuentra uno.

Y si se fuera un poco más observador seguramente encontraríamos más casos de este tipo en otras películas, novelas, series, caricaturas, y obviamente en la vida real.

Ya hablamos en su momento de la importancia de correr y de sus beneficios a la salud física y emocional, incluso algunos consejos para una mayor estimulación en ese sentido (Si no has leído mi artículo de junio pasado te invito a hacerlo 🙂 ), sin embargo, hemos dejado de lado el momento más espiritual.

Los sueños, por ejemplo nos muestran vertientes con respecto a la sensación de correr: si se corre acompañado, si se hace mientras se huye de algo o alguien, si se hace sobre alguna superficie o sobre el aire, si se desarrolla durante alguna competencia, si se pretende llegar a algún lugar, si se termina agotado o si aún quedan energías para hacerlo indefinidamente, entre otras. Dentro de todas ellas encontramos un punto en común: se corre para alcanzar un objetivo. El objetivo puede ser tan variado que puede ir desde el escape para la salvación de la vida hasta encontrarse con la persona amada.

Cada uno sabe que tanto hacer caso de la interpretación de los sueños, lo que es un hecho es que se trata de una llamada de atención sobre algún punto que nos inquieta o sobre algo en lo que debemos prestar más atención para que no ocurran inconvenientes. No se trata de regaños o castigos, sino más bien de encontrar los puntos perfectibles a extrapolar en nuestra vida diaria para poder atenderlos de la mejor manera.

El simbolismo del escaparate se puede ver en cualquier escenario imaginable. Hace poco también me topé con algunas líneas del libro “La pasión de correr: ¿Por qué nos gusta tanto? Historias de una emoción compartida” las cuales hacen referencia a una cárcel donde el entusiasmo por practicar este deporte los hace sentirse en otro lugar, al grado que constantemente afirman la frase “Correr te hace libre”. No creo que sea posible encontrar un simbolismo más claro que esto.

Las manifestaciones están y estarán siempre. La interpretación la haremos cada uno de nosotros a partir de las experiencias personales sobre el entorno donde nos desarrollamos.
Si en verdad algo es posible y es susceptible de ser mejorado, es momento de atenderlo aprisa pero sin prisas.

“Sólo aquellos que se arriesgan a correr muy lejos, son conscientes de lo lejos que pueden llegar”
– Desconocido

Sobre El Autor

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