El tono de la violencia  aumenta día con día en todo el mundo; y México desde luego no es la excepción, al contrario, las detonaciones  violentas dentro del país son alarmantes. La población de 18 años y más a nivel nacional manifestó al INEGI que el tema de la inseguridad es su principal preocupación con  57.8%, seguido del desempleo con un 46.5% y la pobreza con el 33.7%. Puntos importantes que influyen notablemente en la disminución o el crecimiento acelerado de violencia en un Estado convulsionado,  y con una división social  muy  marcada como sucede en nuestro país.

Por otro lado, habría que plantearnos algunas preguntas: ¿De dónde surge el armamento del crimen organizado y de las llamadas “policías comunitarias”? ¿Quién  financia verdaderamente ese sofisticado armamento, aveces de uso “exclusivo” de fuerzas militares?, y  ¿Por qué no hay una estricta regulación, no sólo en el uso, sino también en la fabricación de armas?

Las armas de fuego que se filtran en nuestra vecina frontera, es un tema no menos preocupante; un tema que no debería quedar a un lado como simple síntoma, sino más bien, como una de las causas, un mal  viral de esta terrible “enfermedad” que es la violencia. Deberíamos afinar un poco más la mirada en nuestro “aliado” EE. UU.

La historia de las armas de fuego en Estados Unidos se remonta a los primeros asentamientos europeos en el “Nuevo Mundo”, pasando por los disturbios raciales del siglo XIX o la violencia entre bandas de los años 20.

La matanza de Newtown ha reavivado el debate nacional sobre la tenencia de armas de fuego en Estados Unidos. A medida que la tecnología armamentística ha ido avanzando la cifra de muertes también va acrecentándose, no sólo en México o en el vecino país, sino en todo el mundo . De hecho, en los últimos 45 años, han muerto más estadounidenses por armas de fuego que en todas las guerras juntas en las que han participado. Una sola persona con un arma de fabricación moderna puede causar hoy los mismos estragos que antiguamente causaba un pelotón de soldados.

Por ésta y otras razones, es importante poner énfasis en el trasfondo que yace en las miles de armas de fuego que abastecen a los grupos delincuenciales, paramilitares  y  autodefensas que han y siguen emergiendo dentro de diversas zonas en el país azteca. “Quizás quienes portan las armas no son la enfermedad, sino un mero paciente que necesita urgentemente  atención medica.”

El pasado año se produjeron  27.7 millones de delitos, representando una tasa de 35.139 delitos por cada 100 mil habitantes, según la  Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) elaborada por el Instituto. En un sondeo, realizado entre el 4 de marzo y el 26 de abril de 2013 en 95,810 viviendas, indica que en el 32.4% dentro los hogares mexicanos hubo al menos una víctima del delito en 2012, esto es, en 10.1 millones de hogares, por encima del 30.4 % reportado en 2011. Uno de cada tres hogares mexicanos ha resultado  afectado.

Esta  cifra supera la alcanzada durante el último período del sexenio del blanquiazul  Felipe Calderón Hinojosa,  exaltada por una ráfaga de violencia liberada a raíz de la llamada “guerra contra el narcotráfico”; guerra que ha causado un grave daño colateral al resto de la población, dejando un significativo número de víctimas mortales, algunas reportadas y otras simplemente quedando en el imaginario colectivo.

A nivel nacional, más de  la mitad de la población ( el 57.8%) consideró a la delincuencia como la mayor preocupación durante 2012; sin embargo, en los primeros meses del presente año, la percepción de inseguridad aumentó de manera notable; y por lo que se vislumbra, seguirá incrementándose si no se establece un sano dialogo con  diferentes grupos involucrados en los conflictos socio-políticos y  se promueve  una pronta  reconciliación que unifique al  Estado mexicano. Para un México libre y en Paz.

Sobre El Autor

Un bibliópata, amante de la filosofía, la literatura y la poesía.

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