“…cualquier descripción que hagamos de las identidades y las realidades culturales y sociales de los pueblos indígenas tendrá que ser una película en movimiento y no una foto fija; será también un complejo mosaico hecho de muchas piezas y un coro formado por muchas voces.” –Federico Navarrete en Los pueblos indígenas de México.

 

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¿Cuántas veces hemos escuchado la expresión “indígena” o “indio” como insulto o sinónimo de estúpido, ignorante o naco? ¿Quién es indígena y qué es naco? ¿Quiénes son ignorantes y por qué? No podemos negar que todos esos términos están más que arraigados al lenguaje coloquial de la clase media-alta de la sociedad mexicana, y muy pocos se detienen a analizar el trasfondo, las consecuencias y la problemática que de su uso se desenvuelve.

En primera instancia hace falta intentar responder la duda de quién es o qué convierte a una persona en indígena. ¿Es una cuestión de genética o un conjunto de aspectos culturales? Antes que nada hay que desechar por completo la idea que el indígena puede distinguirse por un conjunto de rasgos físicos, pues no existe una apariencia específica para ellos como tampoco para un alemán, un argentino o un colombiano. Tomando la definición más básica, indígena significa “originario de un país”, por tanto todos los mexicanos somos indígenas de nuestro respectivo país. Sin embargo, no se puede dejar a un lado el mestizaje que se dio en México a partir de la Conquista, donde pueblos nativos se mezclaron con europeos y esclavos africanos creando, desde un punto de vista racista, variaciones “impuras”, pues tampoco debemos olvidar que ya en ese entonces tanto el indígena como el africano eran sectores “inferiores” de la sociedad. Por otra parte, el término indio fue adaptado por los españoles para referirse a los indígenas americanos debido a la confusión que hubo entre este continente con la India a la hora de su descubrimiento. Los conquistadores percibían a la población americana como un grupo de bárbaros, salvajes, atrasados e incivilizados.

Algunos artículos de la Constitución hacen referencia a especificaciones de derechos y oportunidades para las comunidades y los individuos indígenas. Sin embargo, tomando en cuenta la ambigüedad con la que la palabra se emplea, los fuertes prejuicios hacia estos grupos, el concepto que la sociedad “mayoritaria” tiene de ellos, de sus costumbres, su estilo de vida y sus tradiciones, y el trato que se les da desde siglos pasados, me parece irónico e injusto lo que estos artículos muchas veces exponen pues, a final de cuentas, la Constitución ha sido redactada prácticamente por mexicanos ajenos a un grupo indígena y, por ende, poseedores de estereotipados criterios y desconocedores de lo que las culturas indígenas verdaderamente significan. ¿Quiénes realmente deben ser considerados indígenas y bajo qué criterios? ¿La sociedad o el Gobierno les otorga el título de indígena o cada persona puede o no definirse como tal? ¿Quién, si no son los mismos indígenas, tiene el conocimiento suficiente para ejercer juicios oportunos sobre ellos? Como plantea Federico Navarrete en su texto Los pueblos indígenas de México, “resulta más exacto afirmar que en México no existe una mayoría mestiza y una minoría indígena, sino muchos grupos con culturas y formas de vida diferentes”, sin distinciones de indígenas o no indígenas, mestizos o no mestizos, minorías o mayorías.

Otra idea errónea y adaptada por la sociedad es el hecho de que México tiene un alto índice de ignorancia. ¿Qué es la ignorancia? Yo propondría reemplazar ignorancia por términos como analfabetismo, un fallido sistema educativo o falta de civismo que, aunque ninguno es sinónimo del término, creo que plantean la idea que la mayoría desea expresar con el término ignorancia. Porque la población rural y los grupos indígenas tal vez ignoren muchos asuntos propios de la vida cotidiana en la ciudad y del resto de la población, pero lo mismo sucede en dirección contraria; es decir, nosotros ignoramos probablemente mucho más de grupos indígenas y las costumbres en zonas rurales de lo que ellos ignoran de nosotros, porque son ellos los que poco a poco han sido orillados a adaptarse a nuestra cultura y no nosotros a la suya. En este caso, todos somos ignorantes en distintas formas y respecto a distintos temas. El problema radica en que el término ignorancia se relacione con la población indígena, clara evidencia del racismo y los estereotipos que impiden conocer o siquiera cuestionarse realmente lo que cada término significa. Y en lo que corresponde de ignorancia en cada sector, es sólo uno de ellos el que basa muchas de sus ideas en prejuicios y generalizaciones, mientras que el otro ha resultado siempre ser la víctima de discriminación y exclusión social. ¿Quiénes resultan entonces poner en mayor evidencia su ignorancia? ¿Aquellos que no conocen nuestras costumbres pero se limitan a vivir con las suyas, o aquellos que no conocen las costumbres ajenas y se limitan a “clasificarlas” o “describirlas” con estereotipos?

Finalmente, el  uso del término naco es un caso que ha sido analizado en distintas áreas de investigación por resultar también un concepto muy poco objetivo pero tan arraigado en el lenguaje más cotidiano de México. Dentro de sus posibilidades de percepción, sin duda en todos los casos es un término negativo e incluso ofensivo y, al igual que la palabra ignorancia, comúnmente se asocia con la población indígena. Éste (el término naco) me parece el caso más complicado y polémico, pues es una de las palabras más empleadas en el vocabulario informal de la población joven mexicana, y ello significa que las generaciones recientes no sólo crecen con rasgos e ideas racistas, sino que las mantienen y nutren en vez de comenzar a erradicarlas.

Encontramos entonces que un sector de la población mexicana asocia todo aquello que representa una desventaja social, intelectual o física, con lo que ellos llaman indígenas  y una evidente idea de inferioridad que persiste desde hace siglos, convirtiendo las mentes regidas por prejuicios en algo tan añejo, anticuado y poco evolucionado como los prejuicios mismos.

Hace falta sumarle valor al adecuado uso de las palabras. Para ti, ¿quién es indígena y quién naco? ¿A quiénes crees ignorantes y por qué? ¿Cuándo, para qué y respecto a qué tipo de gente usas estos términos? La próxima vez que estén por utilizar esas palabras piensa antes en lo que realmente quieres expresar, ¡su uso puede resultar un arma de doble filo!

 

NOTAS:

El texto de Federico Navarrete puedes encontrarlo aquí: http://www.cdi.gob.mx/dmdocuments/monografia_nacional_pueblos_indigenas_mexico.pdf

La fotografía destacada de esta entrada fue tomada por Vicente Peiró (www.vicentepeiro.es), y la imagen de amor por México fue creada por Marco Colin (www.marcocolin.com)

 

Sobre El Autor

Escritora autovalidada y estudiante universitaria. Amante de las artes, el flamenco, el mundo ecuestre y taurino, y la multiculturalidad. Uno de mis tantos sueños es cargar a un chimpancé, si alguien tiene alguna manera de hacerlo ¡póngase en contacto conmigo!

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