*En mi entrada pasada prometí aclarar el autor de lo citado en el título. Es George Carlin, y la frase la dijo en este video.

*La caritcatura de esta entrada es de: @chavodeltoro

 

Odio y me encanta cuando me hacen la pregunta que nuestro Señor Presidente no supo responder. ¿Qué libros han marcado tu vida? La odio porque es una pregunta demasiado difícil y porque cada vez que me la preguntan mi respuesta cambia. Me encanta porque es una pregunta exquisita que te hace recordar palabras, historias, personajes y momentos que te brindaron placer sin estar realmente acompañado.

Dentro de mis múltiples cambios, hay un libro que difícilmente olvido mencionar en mis respuestas. El país de uno de Denise Dresser. ¿Por qué? Fue el primer libro de política que leí y el primer libro de política que me hizo llorar. No me hizo llorar de la misma manera en que una novela con final romántico o trágico lo hace; me hizo llorar de la manera en que te hace llorar la ira y el coraje ante injusticias de la vida real por las cuales no puedes hacer un cambio directo, y mucho menos instantáneo.

No sólo sentí tener una infnita credibilidad y admiración por la autora (que es, desde mi punto de vista la mejor periodista mexicana), sino que me identifiqué con sus opiniones. Para quienes no la han escuchado hablar ni la han leído, es una mujer que se expresa sin pelos en la lengua y con una evidente pasión por México –cosa que deberían tener, o al menos aparentar de manera más creíble, los políticos–. Hace unas horas leí sobre el escándalo que se armó a raíz de Cloaca abierta, una de sus columnas en el periódico Reforma que menciona la investigación que se hizo a Manlio Fabio Beltrones –actual coordinador parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados– en 1997 sobre su relación con el narcotráfico (que por cierto la investifación ganó el premio más distinguido de periodismo en Estados Unidos). Con tan su característica fuerza crítica, la periodista logró prenderle la mecha al PRI. En la columna, Denise crtició, como siempre y muy asertivamente, al gobierno priista que goza de lo que el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz llama “capitalismo de cuates”. Creo que la frase es demasiado explicativa. En México los corruptos con poder sobran, y Beltrones es uno de ellos. El escándalo explotó en el momento en que Jesús Anaya (otro político del PRI) escribió una carta a la politóloga donde intentaba poner en duda las palabras de su columna; cosa que no logró, pues la autora realizó una encuesta vía Twitter en la que más del 80% de los encuestados opinaban que el político intentaba intimidar y callar a la periodista.

Con esto quiero decir que la reacción del político colocada en una balanza contra la investigación hecha por Crais Pyes en el 97 (ganadora del premio Pulitzer); la falta de investigación por parte de la PGR en dicho caso; el conocimiento, prestigio y trayectoria de Dresser; y el pasado del Partido Revolucionario Institucional; y el actual cargo político de Beltrones, no hace más que confirmar lo que la escritora publicó. Vivimos en un país donde el sistema político, económico y de justicia tiene profundas y robustas fallas, y que, para colmo, a los pocos que se atreven a cuestionarlas públicamente se les intenta intimidar.

Hay una sobrepoblación de políticos corruptos mientras que los periodistas con verdadero profesionalismo, ética, valor y credibilidad están en peligro de extinción. Como muchas otros derechos en México, la libertad de expresión está escrita pero cuesta llevarla a la práctica. Y cuesta mucho. Porque si en vez de ser una Denise Dresser eres un periodista joven y “verde” con una voz baja para los mexicanos, callarte la boca será una tarea fácil; porque si ya han comenzado a amenazar la integridad personal y periodística de alguien como Dresser, ¿qué valor queda para los periodistas que inician la carrera de ganarse plazas en la confianza del pueblo, en las páginas de los periódicos y en los espacios de televisión y radio?

Ni a Beltrones ni a Anaya, por desgracia, les importa que yo opine que su carta tuvo el impacto contrario al que seguramente buscaban; ni siquiera sabrán mi opinión y aunque la supieran, no sería asunto que les quite el sueño. Pero yo no soy la que desea armar un escándalo. El escándalo ya está ahí, y es con el que solitos se están pisando la cola. Es una alarma para ciudadanos en general. No sólo deja en evidencia su actitud desesperada por callar a una mujer que ha dedicado su vida a abrirle los ojos a muchos mexicanos, sino a la calidad de políticos que nuestro Señor Presidente, así como no supo mencionar tres libros, no ha sabido –o querido– sancionar.

Denise Dresser, mencionando en una entrevista a un cercano amigo suyo, comentaba que él decía que era “muy intensita, y creo que se refería a que soy apasionada (para bien y para mal). Para bien en el sentido de alzar la mano cada vez que me piden que participe en una causa…”, y coincido con ella. Porque si bien no muchos periodistas se atreven a hablar y escribir de la manera en que ella lo hace, las palabras de Dresser tienen un impacto importante sobre el sector de la sociedad que ella considera (y yo también) el promotor del cambio; y es justamente ese gran sector del país (la clase media) el que puede ejercer mayor presión sobre el gobierno. El pueblo es quien verdaderamente, si se uniera, puede pisarle los talones a la esfera política.

Denise Dresser es la figuras pública mexicana en el mundo del periodismo que más admiro. Su libro El país de uno, el cual recomiendo altamente, marcó mi vida porque es la obra escrita que más ha logrado sensibilizarme ante las problemáticas de un país al que amo con la misma pasión. Al igual que a ella, me llenan de ira e impotencia las injusticias que se viven a diario en cada esquina de México y el cinismo con el que los gobernantes las dejan pasar y que incluso provocan y enaltecen. Mi coraje creció al leer la columna Cloaca abierta, la respuesta de Anaya a la periodista, y el hecho de que, diga lo que diga Dresser, políticos como Beltranes tienen aún un trozo muy grande del pastel.

“La vida con sentido proviene de salir de tu pequeño mundo y ver que en un país con cincuenta millones de pobres ser de clase media –como lo somos tú y yo– es ser privilegiado. Y siempre les digo a mis alumnos y a mis hijos ¿qué van a hacer con su privilegio? Y ojalá hagan cosas importantes y trascendentes por su país y por otros.”

Denise Dresser

Sobre El Autor

Escritora autovalidada y estudiante universitaria. Amante de las artes, el flamenco, el mundo ecuestre y taurino, y la multiculturalidad. Uno de mis tantos sueños es cargar a un chimpancé, si alguien tiene alguna manera de hacerlo ¡póngase en contacto conmigo!

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