RECOMIENDO PONERLE PLAY A ESTA CAJITA ANTES DE EMPEZAR A LEER

Nunca he sentido fascinación por los caballos. Todo comenzó un día en el que quise montar a la edad de diez años e inesperadamente, la bestia reparó por lo que jamás quise treparme en uno. Debí hacerle caso al dicho popular de volverse a subir al caballo si éste te tira, pero honestamente tenía otras cosas de que ocuparme. ¿Saben? Ese play station no iba a jugarse sólo…

Cuando comencé tocar, nunca imaginé que mis ideas y las de mis amigos podrían cristalizarse,  así como el experimento de química de la secundaria en el cual las bolas de naftalina se hacen cristal por el único proceso progresivo de sublimación con un poco de fuego. Lo mismo pasó con la música: una llama evaporó todo lo que se cocinaba en mi cabeza y así, surgieron muchos proyectos; algunos sin mayor relevancia para los demás pero para mí y quienes me acompañaron, ciertamente nuevos horizontes.

Horizontes que, más bien parecieran ocasos. Pero no estamos aquí para bajonearnos, caballeros. El día de hoy mientras miraba la luna, me dieron ganas de subir este tema que ha llevado meses enterrado y que no me había decidido a compartir. La canción lleva por título “Final”, una especie de codename para los trabajos en progreso.  Y es que después de trabajar por horas escuchando lo mismo y sacándole “lo mejor” a la grabación el nombre es lo de menos. Yo tampoco esperaba que “Final” marcara un final para un proyecto que cocinaba con un buen colega. Resultaría en la fusión entre los proyectos de The Pepe Rosas Blues Band y Dr. Morfina, un proyecto en el cual nos centraríamos en ser un power trío mucho más melódico y progresivo. La historia va más o menos así…

Mi tía abuela había enfermado meses atrás y por las noches, antes de dormir iba a su cuarto y la miraba para asegurarme que estuviera bien. No hubo noche de Diciembre en Monterrey en que no sintiera que la muerte caminaba por los pasillos de la casa de mi abuela, esperando el momento oportuno para inclinar la guadaña ante el ser más vulnerable.

Se acercaban los últimos días de Febrero y el frío arreciaba en mi pueblo natal, que no es natal por que la suerte así me haya tratado si no porque así me cobijó. Aquella semana se empañó por el deceso del padre de un amigo, que inesperadamente partió después de pintar en este lienzo terrenal una vida bohemia por casi seis décadas y media. Miles de preguntas llegaban a mi cabeza durante esos días y por meses antes. ¿Hay algo más allá de esta vida? ¿Nuestra alma viajará a la velocidad de la luz, para encontrarse con aquella otra energía máxima creadora de toda luz en el universo? ¿Es esa energía Dios? ¿Existe? No podemos entender lo que no conocemos, y el miedo a lo desconocido nos impulsa a pensar positivamente, pero ¿Y si no es así?

Todo un ambiente funesto invadía mi mente y más, por que sentía el dolor de mis amigos como propio. Fue entonces que visité a mi amigo Hugo para platicarle sobre las ideas que habían llegado a mí ese día en el cementerio. Platicamos por mucho tiempo como acostumbrábamos, desviándonos del dolor con charlas nuestras borracheras, proyectos y música, hasta que él tomó la guitarra y recordamos el riff de “Celebration Day” de Led Zeppelin. Reímos mucho porque bromeamos sobre hacer un tema con tintes progresivos. -Y de paso fusilarnos algunas bandas y pasarla chido-

Queríamos usar la canción como medio, pero necesitábamos un mensaje. Rápidamente tomé una libreta apodada “El Oráculo” y entre los dos decidimos relatar una experiencia transitoria entre la vida y la muerte muy a nuestro modo de entender las cosas. Teníamos los ingredientes principales para grabar: una enorme carga emocional y una bonita estructura. Ese mismo día cuando iba para mi casa, me enteré que una de mis vecinas había muerto después de una larga enfermedad. En otra casa sobre mi misma calle, se realizaban los servicios para otro vecino. Todo esto ocurrió el mismo día. De verdad que ese Febrero se sintió más lúgubre que Octubre…

El contexto y nuestro modo de imaginar el proceso de “ascenso” dividieron el tema en las siguientes partes:

I-Perdón -Desapego del plano físico

II-Agonía – Júbilo

III-Incertidumbre

IV-Confrontación con la “energía”

V-Dicha- Eterno retorno

Cada una de las partes se puede diferenciar fácilmente por la dinámica del tema. La agonía la quisimos retratar como algo casi orgásmico y hermoso. ¿Quién puede asegurar que nuestro último delirio sea sufrimiento? La incertidumbre de nuestro “ente energético” explota después del solo de guitarra en la estrofa que dicta “Cuando llegué ahí no te ví llegar”. En el lugar “donde las almas se cruzan” nuestro personaje no encontró a la otra parte de su alma que conoció en un plano físico y amó con todas sus fuerzas. Nadie nos garantiza un re encuentro después de la vida (que vamos, sería lo ideal). Somos energía, ¿Recuerdan? Debemos movernos a la velocidad de la luz…somos luz!

La confrontación con “la energía” que hace a los planetas mover, es ni más ni menos que la fuerza máxima creadora de toda luz en el universo. Es como una especie de retrato de “Dios” en constante expansión que no tiene tiempo de brindarle respuestas a un ser insignificante en su vasto reino. En dicha parte, nuestro ente confronta al máximo poder creador y éste, lo despide argumentando que no tiene tiempo para él pues tiene planes de seguir expandiéndose. Es entonces cuando la idea de un Dios bondadoso se desmorona ante él, dejando muy en claro que la fe lo mantuvo vivo y esperanzado.

Finalmente, el llegar a la dicha como estado de plenitud alcanzable sólo después de la vida es renacer. Nuestro ente se encuentra en un plano absolutamente blanco, en el que no hay formas o sonidos. Después de morir, habrá de volver a pintar lo que ha visto con sus ojos en un nuevo bastidor. Esa, es justamente nuestra referencia al eterno retorno: renacer. Volver a vivir en este plano donde la casualidad no existe.

Contamos también con la colaboración de Roxana Romero, (simon, la Roxie) que muy amablemente nos motivó para seguirla haciendo porque por varios momentos, hablar de tanta muerte nos puso medio tristes. Podrán escuchar su voz como “La energía que hace a los planetas girar” en una especie de scat cósmico.

La grabación y producción estuvo a mi cargo en El Cuartito Records. Estuvimos dos días centrados en adquirir un buen sonido y desafortunadamente no pudimos continuar con otras ideas.

Caballo quedará en mi mente como el proyecto que no fue, la canción más misteriosa y un vínculo que nos une entre este mundo y los otros miles de allá; eso sí: muy a nuestro parecer.

Espero equivocarme en todo lo que escribí y que todos ellos estén bien.

Ya puedes volver a ponerle play. ¿Me escuchas?

Sobre El Autor

Multi-instrumentista, compositor y productor. Bajista en Rhose, todólogo en The Pepe Rosas Blues Band.

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