El cuento de El principito es todo un clásico de la literatura que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida.
La mayoría de las personas lo leen en edades tempranas, más otros, como es mi caso, los leemos ya pasado el cuarto de siglo de vida.

Lo vi en cierta ocasión en una librería y aunque no lo compré en aquella ocasión, decidí hacerlo cuando caminando unos meses más tarde me tope con una venta de libros en una plaza comercial.
Más por curiosidad que otra cosa, me aventuré a leerlo sin tener una poca de idea de lo que encontraría en su interior.

La historia comienza bastante graciosa con un dibujo de un elefante y una boa. En este punto desconoces todo sobre la historia y, a pesar de que hace una serie de sátiras a la edad adulta en múltiples ocasiones, sabes que debes de continuar leyendo.

Sinceramente no le había encontrado demasiado sentido a la historia, algunas cosas eran confusas; sin embargo, el momento que, en lo personal, retuvo toda mi atención fue cuando El principito cuenta su travesía a lo largo de 7 planetas. Habla de personas solitarias que viven en su propio mundo y no se dan cuenta de que realmente no sirve de nada lo que están haciendo.

En los planetas que visitó se encontró con un rey, un vanidoso, un bebedor, un hombre de negocios, un farolero y un geógrafo, cada uno con historias lo suficientemente cómicas y extrañas. Lo reconozco, me morí de la risa en cada una de estas descripciones y de la absoluta inocencia con la que el principito, puntual y acertadamente, indica que las personas cuando llegan a una edad adulta se vuelven muy extrañas.

Cuando explica su llegada a la Tierra no te esperas la majestuosidad de sus conclusiones: aquí no hay únicamente un borracho, un vanidoso, un bebedor, un hombre de negocios, un farolero y un geógrafo, sino cientos y miles de ellos en distintos matices. Una vez más nuestro amigo tiene toda la razón del mundo 🙂

No quiero platicar más sobre este maravilloso cuento, porque espero que quien no lo haya leído lo haga pronto y genere sus propias conclusiones, y quien ya haya tenido la fortuna de disfrutarlo pueda hacerlo propio y recordar aquellas partes que lo cautivaron (a la fecha a todas las personas que les he preguntado y que afirman haber leído dicho cuento les ha gustado demasiado, sin importar la edad).

Mi reflexión personal (a pesar de dudarlo al principio) es que el Principito ha podido decir una verdad en tan pocas líneas de texto: Las personas somos raras cuando pasamos a una edad adulta. Muchas veces dejamos de sorprendernos por las cosas que ocurren a nuestro alrededor y vivimos en nuestros propios mundos pensando que lo que hacemos es importante, y no nos ponemos a pensar en si lo que hacemos en verdad vale la pena, es algo que nos gusta y si tiene algún beneficio en nuestra salud física y mental, o ayuda en algo a los demás. No es necesario que viajemos a otros planetas para darnos cuenta de estos detalles, basta con saber observar y ser bastante autocríticos para darnos cuenta de las actitudes que muchas veces tomamos ante determinadas circunstancias.

Bien dicen que cada cabeza es un mundo, pero yo preferiría extender esta aseveración y afirmar que “Cada cabeza comparte un mundo”.

Sobre El Autor

Consultor tecnológico. Amante de la tecnología y del desarrollo de nuevos productos y mercados. Creyente en el conocimiento, colaboración, trabajo en equipo y la creación de alianzas para poder generar innovación.

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